La China, mi China o de las experiencias posibles

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¿Quién puede darme la China que mi alma ya no me haya dado? Y si mi alma ya no me la puede dar, ¿cómo me la va a dar la China? ¡Si es sólo con mi alma que veré la China, en caso de que la llegue a ver!”

Pessoa

¿Niega Pessoa el valor de lo que comúnmente llamamos experiencia? Tener experiencia se suele asociar con la acumulación de vivencias. Hay que sumar experiencias para aumentar el caudal de saberes. Se dice que la calle enseña porque es fuente de experiencias. Así también las relaciones con los otros, mientras más otros, más experiencia en nuestro haber. En un sentido similar se dice que los viajes brindan nuevas experiencias a partir del encuentro con lo ajeno. Sin embargo, no es tan seguro.


Hay reconocibles casos de que se puede ir a la China y permanecer inmutable, idéntico a sí mismo, con la propia China estereotipada que se tiene y se actualiza, sin una verdadera apertura a la otredad,  a lo nuevo. Se puede viajar sin hacer experiencia.

 
Aquí debemos darle la razón a Pessoa. No hay la China sino mi China y la de cada quien. La experiencia de la China está condicionada y posibilitada por mi horizonte de significaciones previos desde el cual percibo, siento, juzgo y valoro. La condición de posibilidad de toda experiencia posible asienta entonces en un topos más originario, siempre histórico, social, cultural, etc. desde el cual leemos e interpretamos todo suceso, y es probable que esas condiciones permitirán u obstaculizarán ciertas experiencias. Si toda experiencia posible está condicionada por un horizonte de significaciones previos, cabe preguntarse cómo es posible que algo nuevo ingrese.


Pero conviene preguntarse primero: ¿Qué es una experiencia?

Quizá podemos pensarla en dos sentidos, la experiencia como ese horizonte que da significación, como a priori histórico-subjetivo que es condición de posibilidad de cualquier vivencia posible. Pero en un sentido más radical, una experiencia es algo que nos implica subjetivamente y nos transforma. Luego de ella no se puede seguir siendo el mismo. Algo así decía Michel Foucault, cuando hablaba de hacer un libro-experiencia, es el libro que nos impide volver a ser como éramos antes, o tener la misma relación que teníamos antes con las cosas o con los demás, antes de leerlo.


Quizá la pregunta pertinente sea si algo externo puede transformarnos. Y habrá que decir: lo que modifica al sujeto es una experiencia, pero es la implicación del sujeto en el suceso lo que lo convierte al suceso en experiencia.

La eficacia no está ni afuera ni adentro, más bien se da cuando logro sacudir lo idéntico y repetitivo de mí mismo y se produce un espacio capaz de acoger. Experiencia, en sentido estricto, es pasaje por la otredad que conmueve la identidad, implica que empieza a trabajar una interrogación. La experiencia nos interpela en lo que somos.

Una experiencia se inicia con alguna pregunta y alguna búsqueda, con algún deseo que sostiene la exploración. Desde allí se abre uno a lo inesperado, se escucha algo diferente en los decires y se aprovecha lo que algunos otros diferentes tienen para ofrecernos. ¡Claro que el encuentro contingente con alguien especial puede darnos mucho! Pero hay que ser capaz de recibir. No siempre somos capaces de aprovechar lo valioso que puede venir de afuera y lo dejamos ir. A veces no podemos registrar lo que podría ser una oportunidad para una transmutación y para nuestro enriquecimiento.

Lo esencial parece ser la experiencia de la interrogación. ¿Qué China tengo y qué China puedo tener? Allí se inicia la transformación que permitirá abrirse a nuevos sabores, nuevos sonidos, nuevos cielos, nuevos conocimientos y acontecimientos. Y sólo entonces, quizá, a nuevos destinos.

imagen: Siete virtuosos de la arboleda de Bambú y Rong Wiqi, siglo IV, china

 

04/10/2009 01:30 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

El acto de la poiesis

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“La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma”

Borges

 

¿Cómo escribir, cómo hacer música, cómo hacer arte en general,  luego de la perfección alcanzada por los grandes que nos precedieron?

 

Shakespeare, Dostoievsky, Cervantes, Joyce, Miguel Ángel, Durero, Van Gogh, Klimt, Mozart, Bach, Händel, Schubert,  sólo por citar arbitrariamente unos pocos consagrados de Occidente, ellos han abierto universos pero también han dejado poco espacio para sus sucesores. Las nuevas generaciones de artistas han quedado condenadas a repetir los formatos creados por ellos o al esfuerzo sobrehumano de superarlos, y digámoslo con franqueza, eso es imposible. Aún así, quizá quepa la creación de nuevas categorías y formatos donde ensayar e inventar nuevas perfecciones.

 

César Aira decía en relación a la literatura: “ya hay demasiados escritores buenos… no escriban bien… ¡hagan algo nuevo!” Puede parecer algo esnob, superficial, poco recomendable, sin embargo, es vitalmente necesario pensar un poco así, las nuevas generaciones lo requieren como principio metodológico –temporario- para atreverse a  producir. Pues cómo animarse a expresar algo singular, o intentar transmitir algo en nombre propio, cuando lo perfecto se ha manifestado y vuelto canónico. Pareciera que sólo cabe la repetición o la decadencia en los distintos géneros.

Reinvidico el derecho de las nuevas generaciones a poder transmitir, a poder crear desde sus nuevas coordenadas, desde sus nuevos posible. Supongo que para esto se requiere de la valentía de atreverse a balbucear, a experimentar y a esbozar nuevos campos, heterótopos, para que no quepa la comparación con aquello que por siglos ha sido canónico.

Aira plantea la necesidad de "apoderarse del olvido" y la conveniencia de “despreciar la memoria como instrumento privilegiado del escritor”. No dejo de advertir lo complicado de esta afirmación, discutible por cierto. En todo caso me gusta entenderla no como un ignorar o un desconocer la tradición. Si hay algo que garantiza la repetición es la ignorancia, ¡y la repetición de lo peor!, la repetición de lo estereotipado que se nos ha metido, inadvertidamente, por todos los poros…

Apoderarse del olvido” es una conquista, un acto, supone la fecunda idea de remontarse a las raíces para desandarlas. Pero este es en el fondo el gesto de la vanguardia, crear un canon propio, un modo singular de recomenzar desde cero el trabajo del arte. Devolver al primer plano la acción. La acción de la poiesis.

Aunque todo hubiera sido dicho, aunque toda la perfección ya hubiera sido plasmada, crear, crear para transmitir, crear para crearnos…

04/10/2009 01:22 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

Elogio de la inexactitud

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"La muerte es demasiado exacta; todas las razones se encuentran de su lado". E. Ciorán

 

La vida no, no es exacta, ni es perfecta, ni viene sin mezcla de guerra y paz, bondad y maldad, belleza y fealdad, sentido y absurdo...

 ¿Y quién nos dijo que debía ser otra cosa, para sentirnos hoy, tan decepcionados?

Definitivamente estamos decepcionados. Y no soportamos lo que sentimos como vida menguada, depotenciada, mutilada, empequeñecida, insulsa, chata, y me guardo los otros adjetivos que tengo disponibles con un etcétera, así detengo esta deriva discursiva, que por muy certera que sea, lo que hace es ocultar el instante, el tiempo -ahora, ese tiempo en que uno es uno con el sentir presente, donde estamos solos con nuestro ser, con nuestro cuerpo vivo y rodeados de vida.

En la riqueza de ese instante se silencian momentáneamente los pensamientos, y de pronto, la imperfección avistada nos arranca  una sonrisa. Una inusitada piedad nos embarga y percibimos agradecidos lo vivido. Descubrimos lo valioso, esos pequeños gestos divinos. Nítidas aparecen las grandes minucias, esas con las que no soñamos porque están demasiado cerca y presentes. Y es entonces que dejamos que nos alcance ese tibio rayo de sol y  que la música nos eleve a nuestros lugares mágicos y permitimos que la paz nos inunde.

En ese momento único, algo del poder transformador, vuelve a nosotros…

¿Cómo no vamos a poder transformar finalmente este mundo?


Pese al montón de animal bestial que somos en casi la totalidad de nuestro ser –lo hemos comprobado ampliamente ya-, los seres humanos somos también capaces de actos increíblemente nobles y altruistas y de una sutileza incomprensible teniendo en cuenta nuestra rusticidad genético-histórica. Un verdadero milagro que algo bueno y delicado salga de tan oscuro, elemental y grosero ser. Algo escondemos que no terminamos de desplegar... Tiene que ser posible...

¿No hay sentido? muy bien, introduzcamos sentidos!
La muerte nos acecha pero hay tiempo, hay más tiempo del que creemos. Hay mucho  que se puede hacer aún. ¿No hay un más allá que nos espera? Pero qué importa! Despertemos! La eternidad está acá, como posibilidad real, en la espesura de un acto transformador.

03/10/2009 21:36 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

Nudo en la Lengua

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  Estoy volviendo loca a la Lengua, revuelvo, busco por aquí y por allá, sacudo, vuelvo a buscar y a ensayar y a combinar, pero igual no logro hacerle decir nada. Atolondrada digo, maldigo y contradigo al infinito desdiciendo.

Ya hace tiempo que he renunciado a ser cartesiana, pero de ahí a tener que aceptar que he quedado muda es otra cosa. Acepto el silencio. Bienvenido sea primero a mi mente.

¡Saludable silencio, gustosa estaré de recibirte!

Pero la mudez…, la mudez no es silenciosa, es pura y ruidosa impotencia. Exceso desenfrenado y desafinado que no acepta ser comandado por ningún cauce  pensamiento conductor. Voluptuosidad informe que no quiere ser carne de palabra alguna. Ninguna la viste bien.

Múltiples ideas se han rebelado, todas quieren ser primeras, ninguna acepta órdenes. Ni al costado, ni atrás ni en relación a ninguna otra, cada una rueda y choca y se dispara hacia donde le viene en ganas a cada segundo.
Ningún sentido podrá imprimirse con esta caótica anarquía. ¿Y no era que el lenguaje estaba para eso?

¿Serán las emociones que se están ahogando? ¿O acaso serán sentimientos contrapuestos que se están asesinando? Alguna guerra hay. Las palabras desorientadas no saben a qué atenerse. Enloquecidas y sin esperar turno intentan huir en grito. Pero el grito gordo se ha quedado quieto y no sale. El cuerpo aturdido tiembla en llamas. Y anudada la lengua, enmudece.

¡Algo va estallar, pero cómo se demora!

Imagen: Mutus Liber, Dino Valls

 

08/08/2009 12:57 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

Despedidas

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¿De qué se despide uno cuando se despide? De algo que ya se ha perdido. De algo que ya nos ha abandonado antes. De algo que no ha sido indiferente. De algo que ha dejado huella.

 

La huella no es la estampa de un pasado, la huella no es el recuerdo, la huella es la marca que la experiencia intensa vivida dejó, modificándonos. A causa de esa huella, ya no somos los mismos, y lo nuevo que ingrese a nuestro ser pasará por ese trazado. Esa huella ha dado una nueva forma a nuestro vacío, cincelándolo y haciéndolo más singular.

 

Uno se despide de lo que no quiere despedirse. Pero lo que no existe no existe, por más que nos esmeremos. Uno se despide de lo que ya no nos acompaña de ningún modo en nuestro transitar... Compañías, lugares,  amores, esperanzas, posiciones que no se nutren ya con la sustancia del presente vital...

 

  Por eso cuestan tanto las despedidas, por eso duelen tanto, porque son obligatorias en algún sentido, estamos forzados a ellas al confirmar que lo único presente es nuestra propia obstinación, nuestro perseverar. Son despedidas duelos. 

 

El que se despide es el que se demora. Es el que se queda ronroneando en el lugar que no quiere perder.  Está a la espera de la reedición de lo que fue y de lo que no quiere ver extinto.  Espera una señal decisiva e inconfundible de que hay todavía algo presente y futuro. Se suelen ver muchos falsos signos. A la larga y contra nuestra ciega obstinación, nos damos cuenta... Uno se despide finalmente de una ilusión, quizá la de ser imprescindibles en algún lugar o para algunos otros. Uno se despide de la ilusión de eternidad.

 

Despedirse es un acto. Despedirse es dejar ir y dejar irnos. Dejar ir el pedazo que fuimos con lo que se fue y que está desgarrado.  Dejar ir y dejarnos ir en la identidad que ya no puede ser confirmada por lo que se fue. Hay que renunciar a la tristeza profunda que acompaña y otorga identidad y abrirse a la incertidumbre. ¡Hay que reconstruirse!

 

Despedirse es restituir el vacío en nuestro ser. Dejar vacío el vacío, vacío que se había llenado con exceso de llaga, tinieblas, tristeza y penar... Dejar libre al vacío nuevamente para nuevas búsquedas y nuevos aconteceres.  Es un extraño olvidar que no excluye la memoria. La memoria traerá briznas del pasado, pero justamente será un pasado que pudo constituirse en pasado, dando paso a un nuevo transitar sin trabarlo.

 

Sanar y un retomar las palancas vitales para seguir en la vida como sujetos deseantes y reapropiarnos de nuestro cuerpo, nuestra historia y de un posible futuro. Futuro que deje de ser la ejecución de una condena y se vuelva azaroso, imprevisible y susceptible de decisión.

imagen: Miranda, J. W. Waterhouse

20/07/2009 05:48 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

Dones de la senectud

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“La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.”

Borges


Categoría evanescente como pocas, la vejez, nunca parece incluirnos. Viejos son los otros. A medida que los años nos van atrapando se va corriendo complacientemente el límite.

Un manto de pudor y compasión viene a cubrir la vejez dejándola en un oceánico silencio. Pocas palabras y sin apuntar a lo esencial. Percibida secretamente como pura pérdida, pérdida de goce irrecuperable, a medida que la juventud se retira y que la sombra de la muerte se aproxima.

Pero resuenan, como un enigma, las palabras de Borges: la vejez “puede ser tiempo de nuestra dicha”. Sentencia que choca contra las rocas del sentido común sentido y contra nuestro íntimo aborrecimiento por pensarnos próximos a ella. Difícil pensar en la vejez y que no asalte esa angustia ante las potencialidades que menguan.

Pero ese “puede ser…” introduce una interrogación. ¿Y si la vejez trajera una posibilidad y goce nuevo? ¿Y si cada momento que vivimos abriera un azar, una oportunidad y una posibilidad de modificar nuestro destino pese a todas las determinaciones que portamos?

La historia muestra casos conmovedores. A veces, ocurre que la vejez otorga una libertad soberana. A veces, la conciencia de la cercanía del final brinda inigualables oportunidades. Pero decir esto no es suficiente, no se trata solamente de la cercanía del final…

Recurriré a metáforas. Cuando avanza la noche y el cansancio del cuerpo se hace sentir, nuestro observar, pensar, decir y gozar se modifican adquiriendo matices nuevos. La fatiga nos obliga a desarrollar nuevas capacidades que captan aspectos insospechados en lo que nos rodea y en nosotros mismos. El avance nocturno nos vincula de otro modo con la energía que tenemos, precisamente porque notamos que no la tenemos toda y falta. La falta de energía física parece ser compensada por un excedente de alma. También los dolores del cuerpo, éstos obligan a interrupciones, suelen suspender la continuidad ilusoria de la existencia. La energía aparece con otra intensidad en los momentos en que el dolor ofrece tregua y cesa.

Noche, oscuridad y dolor. Rupturas que pueden ser despertares y no solo pesadillas. Las acciones bajo estas circunstancias irrumpen con nueva sustancia. Sus obras emergen desde un lugar distinto y desconocido hasta ese momento. Cuando la plenitud del cuerpo decrece el espíritu lo releva.

Hay una libertad que sólo se puede conquistar en la vejez, una libertad especial reservada para la vejez, aunque no garantizada, pero imposible de adquirir si no se llega a ese momento vital, a ese plus de años, plus de vida, plus de experiencias, plus de noches, plus de esperas y plus de desesperos.

Y que no se me diga que hay jóvenes sabios, profundos y maduros (ay, esa palabra). También hay viejos estúpidos y cretinos -que seguro fueron jóvenes estúpidos y cretinos-. Claro que lo sé. Quiero decir que el tiempo de vida experimentado, bien o mal, con más o menos conciencia, mejor o peor aprovechado, no es sin consecuencias. Es ganancia de una posibilidad que se puede o no aprovechar, posibilidad que sólo viene con los años vividos aunque se la desperdicie finalmente para nada...

La fecundidad de la juventud es de tipo universal, es como la flor, es una estridencia que sorprende y arrebata al que la experimenta. No necesita del consentimiento ni del esfuerzo del sujeto para desplegarse. La fecundidad de la vejez es absolutamente singular. Exige el compromiso de los sujetos para su despliegue, es un fruto tan singular y costoso, que la más de las veces está ausente.

La fecundidad de la vejez, surge de la memoria de un olvido. Olvido que fue necesario para llegar a ser viejos probablemente. Es memoria de la muerte y de la imposibilidad del encuentro pleno con el otro. Muerte y soledad en el núcleo de nuestra existencia. La memoria de ese olvido no nos dejará igual.

La vejez es posibilidad para el descubrimiento tangible de que somos tiempo y tiempo que falta.

A veces, se abren dichas de intensidad insospechadas. A veces, el transitar un momento de gracia entre la vida y la muerte, puede impulsar a enviar dones hacia el futuro. Conocemos obras desenfrenadas de la vejez, fruto de facultades de una mente que supera sus propios límites, obras que trazarán caminos a los descendientes. Sabemos de despertares de noblezas sin precedentes. Gratitudes y solidaridades estremecedoras. Energías locas que salen de lugares desconocidos. Actos absolutamente libres. Actos ateos, sin ningún soporte en algún Garante. Generosas y amorosas enseñanzas-dones que florecerán en nuevas generaciones.

Hay dones de senectud, frutos conquistados pétalo por pétalo y lágrima por lágrima.


imagen: Reloj, Chagall

01/05/2009 17:54 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

Música nocturna

http://www.deezer.com/track/2595037

Hoy traigo una melodía especial para compartir, es una música nocturna, casi siempre me arranca lágrimas, pero no por triste...
Cuando la noche comienza a acoger al inmenso silencio y calla poco a poco toda inmediatez, y despiertan los secretos, las estrellas innominadas, los matices de la oscuridad y toda la sed de belleza, cierta música, de modo inexplicable, testimonia nuestro ser ahí, y acompaña a la vez que revela la más profunda de las soledades, y es justamente en ese momento único, que se abre la absoluta libertad de la imaginación y se siente el poder abrumador e inigualable de lo inútil...
Y nos quedamos allí desnudos de palabras, con toda esa emoción sin retorno, para todo y para nada...
La música, como la bondad por que sí, la belleza por que sí y el amor por que sí son verdaderos despilfarros antidarwinianos, aconteceres sublimes y tan humanos, tan exquisitamente humanos, que esperanzan, hacen olvidar por segundos, todo el horror, la mezquindad y la inhumanidad de que también es capaz la humanidad. También entristecen, todas nuestras grandes minucias, útiles o inútiles, acabarán…
Pero para qué decir más, no son más que banalidades, ya todos conocen los misteriosos efectos que producen ciertas músicas en nosotros. Espero que aprecien estas voces humanas que me estremecen tanto.
música: Les voix humaines - Jordi Savall
imagen: fugaz
01/05/2009 17:42 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

Demasiada noche

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No puedo doblegar toda esta noche. Y no pasa. Estoy atrapada en este espeso grumo temporal, y como temía, el íntimo huésped se ha despertado. No he podido detener su filo. Y un dolor agudo, profuso, excesivo empieza a inundarme entera. Ni un poco sale para afuera. El dolor se ha quedado en los confines de esta piel fortificada. ¡Ojalá estallara! Pero nada estalla ni se rompe. Sólo inunda. Y yo ya no hago más pie en esta inmensa noche soledad.

 

 

imagen: pesadilla, Goñi

30/04/2009 19:15 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

Destino gerundio fatal

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¿Es para eso, que morimos tanto? ¿Para sólo morir, tenemos que morir a cada instante?
César Vallejo


Viviendo y muriendo a cada instante… ¿sólo para esto?
Hoy he descubierto el destino fatal que nos trae el gerundio. He desentrañado la composición tramposa e incisiva del gerundio. Algo ladino le viene a hacer al verbo; apenas lo sospechamos. Lo pela al verbo de su infinitivo y lo contamina de insuficiencia. No cualquier insuficiencia. Lo envenena de algo que se me hace solamente humano. Lo contamina de humanidad ¿O es la humanidad la contaminada de gerundio? Es igual. Es el veneno de esa falta sentida, falta padecida que impregna todo. esa gerundia poca cosa comparada al prometedor infinitivo.

El gerundio es un no acabado develador de imperfección. Pero también de mezcla impura, muestra al verbo en su doblez. Lo revela en su composición de opuestos que se doblegan, quitándose el uno al otro algo sustancial. La decisiva intensidad para un sentir pleno del verbo. Uno calla al otro, lo tiene a raya, le quita decisión, definición.

Pero ya mismo voy al ejemplo paradigmático de lo que es ser gerundio, en ningún verbo cabe mejor el gerundio significado de ser gerundio. Si hay un ‘viviendo’ es porque contiene necesariamente un ‘muriendo’. Si hay un viviendo es porque hay un muriendo simultáneo, si no, no sería viviendo sería viví o viviré. O murió. Es lo mismo desde la perspectiva de este análisis.

Si se vive en gerundio –y se vive en gerundio- se está condenado al sufrimiento por lo que no fue, lo que no es aún, lo que quizá no será, o será después, pero no ya. Se va viviendo mientras se va muriendo a los participios como a las ilusiones, a las pasiones, a los deseos, a los encantamientos y a las fugaces sidas realizaciones. El gerundio resta, y al restar deja sobrando algo. Queda sobrando un anhelar plenitudes participias y un penar por sidos y no sidos. Un doler en el cuerpo por los desangrados de verbos opuestos que se estimulan, combaten y se succionan.

No hay un viviendo sin un muriendo, si morimos tanto, como dice Vallejo, es por culpa del humano gerundio que tiñe todo de gusto a poco, a falta mucho, a todavía no, y a no es éso exactamente.

Cansa estar viviendo y muriendo tanto para esto! Esto tan poco universal infinitivo, tan poco pleno, tan poco participio que sume y que llene y que alcance y que quite, como bálsamo, toda esta gerundia sed…

imagen: predestinación, Escher

22/02/2009 21:54 #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

Disputatio: de realidades, irrealidades y seres inciertos

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Cónclave de niños en el fondo de la casa. Ya huele a Navidad. Una conversación verdaderamente temática se inicia entre los pequeños, algunos, no tan pequeños. Discuten sobre papá Noel y su dudosa existencia. “¿Y los reyes magos?”- pregunta un pequeñito-. “Los reyes no existen”, “los reyes son los padres” –subrayan los más grandecitos-. Una niña despliega razones de por qué los reyes sí, y papá Noel, no. “Papá Noel es muy comercial” -dice un versado jovencito-. Durante y entre medio de la discusión, cada uno dspliega sus ilusiones, sus fantasías, sus experiencias ante lo misterioso. Cada uno se narra…

Una pequeña muy atenta a la disputatio osa preguntar: “¿y el ratón Pérez...? La conversación adquirió un tinte decisivo, incluir al ratón Pérez en la discusión era demasiado, fue entonces, cuando una niña de unos 8 años, decidió suspender la deriva asociativa, y dijo con seriedad filosófica:

“¡Florencia, si Dios “casi” no existe, cómo va a existir el ratón Pérez!”

Adorable anécdota que muestra no sólo la creatividad de los niños, con ese “casi” tan deliciosamente encajado en la oración, sino la agudeza lógica de la reflexión. Una cosa es la existencia, y otra muy distinta, la cualidad entitativa, la jerarquía ontológica de estos seres.

El entusiasmo que sostenía aquella conversación no provenía de un instinto epistémico-científico que buscaba comprobar empíricamente la existencia o no, de los reyes, de papá Noel o de los ángeles de la guarda, tampoco de desenmascarar a los impostores que nos hablaban de esos seres, el placer consistía en hablar de ellos, en bordear el misterio que atesoran, y en exponer las propias vivencia que promovían estos temas en ellos.

Es cierto, los más “ilustrados” gozaban esputando a los más chicos sus argumentos y pruebas empíricas de la inexistencia de los seres inciertos, pero como es de suponer, apenas eran escuchados, y era razonable, aceptar las pruebas, implicaba cerrar la discusión que tanto placer producía, sólo el silencio podía caber después del asentimiento...“Las pruebas cansan la verdad” dice Georges Braque.

Todos querían seguir hablando de los reyes y los seres mágicos… También de sus ilusiones, sus temores, sus preguntas ante el misterio. Ahora bien, incluir al ratón Pérez en la serie que comenzaba con Dios y seguía con los ángeles, los reyes y papá Noel, era una especie de degradación de la fantasía. ¿Qué valor podía tener el ratón Pérez? ¿Valía la pena discutir sobre él? La frase-sanción de la niña decía con claridad, NO.

Pensándolo bien, el ratón Pérez es demasiado ratón y demasiado Pérez… Demasiada concretidad que obstruye cualquier fantasía. El solo imaginar al ratón Pérez, rozando nuestra almohada, en busca del caído y escondido diente, se vuelve una escena verdaderamente asquerosa.

Pero lo más importante: ¿qué ofrece al mundo de la fantasía el ratón Pérez? Acá hay gato encerrado. El ratoncito te trae plata, que ni siquiera es regalo porque se lleva tu diente; se trata entonces, de un vil intercambio comercial, y mientras estás dormido e inconsciente!

Pero dejemos por un rato al ratón. ¿Existe Hamlet? ¿Existe Otelo?, ¿Existe Antígona? ¿Existe Rocky Balboa?, rápidamente advertimos la improcedencia de este último en la serie, es hasta irritante. La inclusión de Rocky se vuelve algo verdaderamente disruptivo, tanto como la del ratón Pérez en aquella otra serie.

Claro que tiene sentido preguntarse por la realidad de Hamlet, de Otelo, de Antígona, pero qué sentido tiene, hacerlo por la de Rocky Balboa. ¿Qué puede aportarnos la realidad o irrealidad de Rocky Balboa? ¿En qué puede enriquecernos “hablar” de Rocky Balboa?

No hay duda que Hamlet, Otelo y Antígona tienen más realidad, más substancia, que todos los miembros de Gran Hermano juntos y otros menos famosos y cercanos también, si lo pensamos con honestidad.

Una señal para los adultos: hablar y discutir de realidades e irrealidades requiere, en primer lugar, del pathos de la distancia, un saber distinguir. En segundo lugar, es necesario refrenar la impudicia científica que quiere verlo todo, la verdad a cualquier precio, desconociendo que la verdad no es verdad sin sus velos. Por último, permítanme: ¡desterremos al ratón capitalista que entró de contrabando a nuestras fantasías!

imagen: La adoración de los Magos,  Leonardo Da Vinci

16/11/2008 19:13 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

Felicidad que retorna

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"Tal vez no exista una felicidad tal que nos lleve a decidir no olvidar" dice Yasunari Kawabata. Dolorosa verdad que los románticos, u otras variantes de la melancolía, pretenden contradecir sistemáticamente, sosteniendo un recuerdo y volviéndolo indestructible. Extraño goce el de sostener el brillo de una felicidad del pasado para no olvidar…

A veces, el precio es el abandono de las nuevas posibilidades que la vida ofrece, otras, es volver imposible lo posible voluntariamente, dejando la vivencia-posible suspendida, para poder eternizarla. Otra forma, es postergar el encuentro, demorarlo para conservarlo como imaginario y perfecto, para cuidarlo de la espinosa realidad. Curiosa forma de placer que se desamarra de todo, menos, de la soledad.

Lo cierto es que la vida ofrece nuevos deleites y nuevos desvelos. El deseo se abre camino, de lo imposible a lo posible... Nuevos horizontes asoman, nuevos aromas embriagan, nuevas briznas acarician, nuevas auroras brillan...

Pero también habrá que decir, y aquí en sintonía con los románticos, que no todos los posibles son iguales... No todos los posibles tienen el mismo valor. No todos los posibles ofrecen la misma música, los mismos aromas, los mismos colores, las mismas profundidades y las mismas sutilezas…

¿De dónde viene tamaña grosería de que lo posible es bueno porque es posible? Por otro lado, ¿de dónde viene la seguridad de que algo es posible o imposible? Habría que ser más respetuoso y pudoroso frente a los misterios y enigmas tras los que se esconden los sentimientos, y más prudentes a la hora de calificar.

“Imposible” o “posible” son juicios que no deberían ser tan precipitados.

Me pregunto si ’la voluntad de volver algo posible’ no tiene algún lugar en todo esto. Porque no se trata de quedarse con un posible porque viene fácil. Tampoco que nos conformemos con raquíticos posibles ¿o sí? Imagino que también hay aparentes imposibles que requieren de la lucha para transformarse en posibles.

"Tal vez no exista una felicidad tal que nos lleve a decidir no olvidar" pero quizá sí, una felicidad que nos lleve a vivir, a crecer y seguir luchando por ella. Cada felicidad alcanzada, cada felicidad vivida, aunque olvidada en cierto sentido, abona la capacidad de anhelo y búsqueda... Fértiles semillas del olvido que fecundan nuestra vida, dotándola de esas ansias y fuerza para lograr un presente feliz.

Decidir volver a ser feliz, volver a ser feliz cada vez, acrecentar y abonar la felicidad presente. Esa decisión sí es posible.

Imagen: Estructura alegre de Wassily Kandinky

27/10/2008 00:04 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

El faro del fin del mundo: una atracción vital

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Veraneaba en un pequeño puerto de la costa atlántica, era pequeña pero ya saboreaba el encanto de días enteros sin adultos cerca. Me proponía cada día hallar algún tesoro y descubrir algún rincón nuevo “con poderes mágicos”. Había un lejano faro que ejercía una atracción irresistible en mí, un día tomé la decisión de ir a través de los médanos. Sería mi mayor hazaña hasta el momento: llegar hasta “el faro del fin del mundo” como le llamé entonces. Sabía con una extraña certeza que de llegar, encontraría algo maravilloso.

Tuve que convencer a mi hermano de que sería fácil llegar a ese faro. Iniciamos una larga y agotadora caminata, médanos y más médanos se multiplicaban a medida que nos desplazábamos. El faro estaba ahí, parecía a unos pasos, no obstante la distancia no disminuía, sólo podían verse cielo y montañas de arena, ninguna casa, ningún árbol, ninguna persona, tampoco nuestro punto de partida. Mi hermano comenzó a inquietarse; con voz de simulada adultez, le dije que había dejado marcas para no extraviarnos y que tenía algunos puntos de referencia que nos permitirían regresar sin problemas.

Comenzaba a atardecer y el faro seguía lejos. Llevaba una botellita de agua, hubiera querido que fuera una cantimplora como en las películas. ¿Y si realmente estábamos extraviados?-pensé para mis adentros-. En ese momento supe que lo único que no podría tolerar era que mi hermano me viera intranquila. Cuando me pidió que volviéramos, supe que debíamos regresar. Él confiaba en que yo sabía como lograrlo y no estaba dispuesta a desmentirlo. Nada de expresar miedo ni preocupación! Miré por última vez el faro y abandoné mi adorado proyecto. Supe que no estaba lista para hacerlo.

Emprendimos la vuelta. Ninguna marca real nos orientó, sólo mi sentido de responsabilidad de hermana mayor. El temor a que entrara en desesperación me hizo caminar a paso firme, segura y con entusiasmo, con cara de saber lo que hacía a cada paso, aún en los retrocesos, idas a la izquierda y vueltas a la derecha. No tenía la menor idea de cómo volver, tenía miedo, sed y estaba muy cansada, pero no se me notaba.

Finalmente llegamos, ya era de noche, no recuerdo si mentimos sobre nuestra aventura. Me sentía contenta de haber regresado sin problemas. El faro seguía allí, atrayéndome; jamás pude llegar hasta él, no volví a intentarlo. Siempre pensé que alguna vez estaría mejor preparada para emprender el viaje, alguna vez llegaría hasta ese lugar tan deseado.

Presiento que seguiré manteniendo mi ilusión intacta, allá lejos, ejerciendo ese influjo embriagador que me impulsará a correr más de un riesgo y a emprender más de una travesía sin llegar jamás…

 

 



imagen: Faro cabo villano, Marta Moro
25/10/2008 12:21 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

melancólica apatía

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           "¿Por qué razón todos aquellos que han sido hombres de excepción, bien en lo que respecta a la filosofía, o bien a la ciencia del Estado, la poesía o las artes, resultan ser claramente melancólicos?" Aristóteles

Por costumbre empiezo con una cita, esta vez, un texto atribuido dudosamente a Aristóteles, pero no quiero analizarlo, simplemente me sirvo de la cita para deshilvanar e hilvanar algunas ideas y sensaciones sueltas. Mucho se ha escrito sobre la asociación entre genio y melancolía, basta visitar los tratados renacentistas sobre el asunto, o indagar biografías de todos los tiempos para comprobar tal alianza.

Pero, ¿y el melancólico sin talento?, porque definitivamente la melancolía en sí, no conlleva talento. Se puede ser un melancólico y un mediocre a la vez perfectamente. De cualquier modo, los seres de excepción no son felices por ser talentosos, el talento no lleva al bienestar. El talento, no es consuelo alguno.

El talentoso sabe muy bien que no alcanza con su talento para la dicha. Más que gloria, quiere ocupar un lugar en el corazón del mundo. Igual que el melancólico sin talento, lo que quiere, es lo que nunca consigue, poseer una dignidad no acechada por la exigencia de los buenos resultados. Quisiera existir para vivir sin tener que demostrar que merece vivir.

La piedra es perfecta. El mar es perfecto. La lluvia es perfecta. Nadie puede exigirles que no sean o que sean para otra cosa. ¡Qué le importa a la piedra si es un escollo para el caminante! ¡Qué le importa a la lluvia si hace crecer el verde pasto! ¡Qué le importa al volcán si su desborde aterroriza! El viento no teme ser expulsado... El sol no busca desterrar la acechanza de la muerte… Piedra, mar y lluvia “son”, tienen un lugar y listo. Su valor no es para otro. Su perfección no es una exigencia ajena a cumplir.

Pues bien, el melancólico quiere ser y vivir y desplegar su perfección sin más. Sabe que la dicha está fuera del tiempo, no es mensurable, no es fruto de una contigüidad de tiempos forzosos para llegar a algo forzado. Las maravillas que dan contenido a nuestra dicha no se miden, da lo mismo si fue en un instante, una noche o en años, no importa, porque la dicha está afuera de del tiempo, no se liga con el esfuerzo dentro del tiempo, los tiempos de la utilidad instrumental, los tiempos para otra cosa. ¿Medios y luego fines?, esa secuencia es un mal invento!

Hoy, desde una melancólica inacción, me pregunto: ¿Por qué ser humanos exige tanto esfuerzo?, nunca tenemos asegurado un lugar. Siempre hay que vivir para otra cosa. Una presión constante: hay que hacer méritos para vivir! Hay que justificar con resultados el derecho a un pedazo de ser, un pedazo de mundo y de bienestar! Es verdaderamente horroroso. ¿Cómo ser dichoso, alguna vez, siendo consciente de este panorama?

Todo se vuelve costoso y pesado y amargo. El moverse se divide en infinidad de pequeños esfuerzos que no logran dar el paso... Respirar se divide en inhalar y exhalar, y cada inhalar se divide en pedacitos de inhalar, que deben apurarse para dar lugar al exhalar, que a su vez se divide, contra un reloj, que acusa la demora y exige rapidez; y así cada acción, y cada pensamiento, y todo se hace penoso, hasta lo que para todos es mecánico...

Hastío, cansancio y hostilidad ante la presión voraz de ser productivos. Una melancólica pereza se apodera de todo el ser, melancólica inactividad que no es más que un resistirse a tener que buscar méritos para vivir. Pasar las pruebas para conseguir un lugar autorizado en la existencia. Pereza que es resistencia del propio ser a ser otra cosa que ser. Y es evidente que para los humanos eso no es posible!! y entonces viene la rebelión ¿Por qué hay que ganarle al absurdo? No quiero ningún combate. No quiero buscar motivos para vivir. No quiero un ideal para dar sentido. No quiero una razón para vivir, simplemente quiero reposarme en la vida, reposarme en mi ser. Vivir como la piedra y el mar y las nubes. Quiero ser para vivir, y vivir para ser y desplegar la perfección de que soy capaz sin mensuras y sin metas impuesta por otros. Única libertad, única dignidad, ser un fin en sí mismo.

 imagen: Melancolía I, Alberto Durero

12/10/2008 16:41 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. Hay 1 comentario.

El poder de las palabras

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“Citas memorables” se llama el cofre donde atesoro citas conmovedoras, citas fecundas para pensar y citas que dan cauce a ríos desbordados de sentires. Hay citas que se han vuelto necesarias, hay que tenerlas a mano, nunca se sabe, a veces, se las necesita de urgencia, para que encarnen en los inmensos silencios que suelen abrirse en el alma…

 

 “Citas memorables” es una cruz roja para el alma, para momentos de extrema necesidad, cuando ninguna palabra sale del propio ser y solo mudez que carcome... Vuelvo a ellas, una y otra vez, para encontrar, de forma renovada, nuevos pensamientos, nuevos sentidos, nuevo alimento…

 

 Allí puedo encontrar palabras salvadoras que ponen diques al dolor. Palabras que le ganan al absurdo. Palabras que abren mirillas a nuevos cielos. Palabras que despliegan jardines donde asistir a la eternidad. Palabras cachetada - por qué no- que despiertan y arrancan de la inercia. Palabras que trazan puentes imprescindibles para nuevas sinapsis. Palabras que crean nuevas geografías vitales, nuevos centros de fuerzas. Palabras que abren surcos para nuevas experiencias...

 

 Palabras que hacen ver azul lo que es gris. Palabras que rescatan... Palabras que crean nuevos alfabetos de la muerte, del amor y de la vida. Palabras que se ensamblan para crear nuevos misterios, nuevos abismos…
Palabras… ¿ tan solo palabras?

¿Cómo reconocer distintos tipos de atardeceres, diferentes caricias, nostalgias y dolores, si no es por las letras que surcan nuestro ser, habitándolo y volviéndolo sutil, letras que vuelven nuestra sensibilidad más compleja, y nuestra inteligencia menos rudimentaria?

 

 Busco en mi cofre y encuentro ese decir exacto, en este caso de Pessoa: “En el fondo es lo mismo: la capacidad de distinguir y de sutilizar. Sin sintaxis no hay emoción duradera. La inmortalidad es una función de los gramáticos.”

Imagen: mujer con libro, Picasso

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04/10/2008 21:20 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

Cuando era niña...

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Cuando era niña soñaba con sentarme en una nube para mirar más de cerca la luna y las estrellas. Cuando era niña subía a los techos de las casas porque imaginaba encontrar seres mágicos allí. Cuando era niña jugaba a la agencia de viajes, exploraba los Atlas para descubrir nombres de lugares donde ir, armaba folletos turísticos y posibles tours para los viajeros, siempre descubría nuevos lugares, siempre nuevas maravillas para admirar.

Cuando era niña sospechaba que habían tesoros escondidos, en los árboles, en la tierra, en las montañas, en el mar, en los bosques y en los ríos, sólo había que aprender a buscar y a mirar.  ¿Qué eran los tesoros? algo especial, podía ser cualquier cosa, una piedra, una flor, una rama, algo que encontraba y devenía valioso porque era único, no por lindo, ni por feo, sino por distinto, eso lo transformaba en tesoro.

Cuando era niña me conmovían los seres apartados, solitarios y tristes, y aún sigue siendo así. Cuando era niña amaba las cerezas, su olor, color y sabor, era el manjar supremo y les suponía poderes mágicos, y aún sigue siendo así, también amaba la época de las cerezas, un fragmento del verano, me sentía animada y alegre, como pocas veces en el año, y aún sigue siendo así...

Cuando era niña me preguntaba qué sucedería después de morir, pero sobre todo, cómo sería morir y si alguien podría acompañarme; intentaba distintas respuestas pero ninguna lograba acallar mi inquietud, y aún sigue siendo así.

Ninguna respuesta calla mi interrogar sobre la muerte y ninguna pregunta realmente mía, está lejos de la misteriosa y solitaria Muerte. Si voy a morir sola, si siempre se muere solo, tengo al menos mis tesoros, esos mis recuerdos atesorados, que me acompañarán hasta el final...
*Escrito inspirado en la poesía de Peter Handke (Canción de la niñez) ,en Las alas de deseo de Win Wenders
Imagen: una niña griega, John Poynter

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20/09/2008 12:00 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

Duelos inconclusos

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Hay dolores inconfesables. ¿Qué duelo posible hay sin muerte real? ¿qué duelo posible hay sin nada que enterrar? No hay duelo. No hay luto. No hay llanto legítimo ni autorizado.

Pero cuando se siente dolor lacerante ¿es o no es? ¿por qué duele como lo irreparable de la muerte si no hay muerte? ¿será una frustración que hay que tramitar? Lo único claro: no se debe doler, no se puede duelar. Porque duelar es aceptar una pérdida ¿pero cuando no hay una pérdida real? Si no hay pérdida tangible para velar, hay dolor dueloso fantasmal e inconcluso, hay dolor mudo continuo y duelo en pausa.

Y esa especie de dolor acumulado que se siente ¿dónde se pone? Hay que meterlo en algún lado, encajonarlo para que no invada y nadie lo vea. Pero ¿es o no es?, cómo puede haber dolor, pérdida real no hay. No debería ser… Shhhh, no debe existir, no puede existir. Decretemos: no existe!

Viene la culpa que sabe que duele, ella sí que sabe que duele y ayuda; cambia dolor por castigo, castigo que traba y da un sufrimiento más concreto, más confesable. Otra cosa! Se puede mostrar. Eso sí que alivia ¿Alivia?

 

imagen: la herida, Dino Valls

19/09/2008 10:36 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

El lugar del desamparo

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“El lugar del desamparo es el lugar donde no hay lugar.” René Kaës


El lugar del desamparo es ese lugar vacío de miradas que confirmen la tuya. Lugar sin testigos de tu historia, de tus gustos, de tus dolores. Lugar donde la indiferencia que parecía liberadora comienza a abismarte. Lugar no lugar donde nada hay que ratifique tu continuidad existencial.

Migrar... Instantes enteros para interpretar qué dicen esos gestos, por dónde conviene ir. Nuevos tiempos y distancias. Gustos y sabores que te lanzan esos nuevos otros. Esos olores… ¿Dónde están mis olores? Demasiados detalles que brillan por su ausencia.

Ajenidad que lacera.

La argamasa invisible que nos sostenía se ha desplomado. Nada que nos devuelva quiénes éramos y quiénes queríamos ser. Nadie que nos mire en perspectiva. Nadie que vea lo que proyectamos ser y no simplemente, ese que somos, como puro cuerpo, ahí, ante sus ojos. Nadie que nos de crédito. Nadie que vea lo mejor de nosotros mismos, aunque todavía no lo hayamos logrado. Nadie que nos haga ver azul lo que es gris.

Pérdidas y más pérdidas... Momento extremo de la vida que es experimentado como desgarro existencial, aún cuando se haya elegido buscar un lugar más prometedor. Construir un espacio que cobije es tarea humana inevitable en algún momento de nuestras vidas, emigremos de un país o de un estado subjetivo.
Construir un nuevo espacio donde habitar supone hacer un duelo. No hay lugares naturales. Tampoco “propios”. Siempre hay que construir uno; aún los que creen heredar uno, deben adoptarlo para poseerlo.

Tampoco hay lenguaje que nos cobije, hay que apropiárselo para poder decir, imperfectamente, nuestra singularidad. Es preciso pasar por esta experiencia de ajenidad para poder conquistar un espacio... Los que emigran suelen tener esta oportunidad de golpe y sin matices. Deben construir un espacio habitable para sobrevivir. Pero es tarea de toda alma humana que busca trascenderse y crecer...
Finalmente, es despedirnos del inexistente paraíso que creímos perdido.

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10/08/2008 14:30 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.

A veces no es el miedo...

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A veces no es el miedo el que me impide caminar, a veces no es el miedo el que me mantiene encadenada. A veces no es el miedo el que me ata a la trampa de una vida muelle.
A veces es esa Nada que, como una ancianidad incrustada en el alma, me paraliza, me vuelve desierto... Esa Nada que arrasa, es peor que la nada ausencia o la nada vacío. Mucho peor, es esa Nada soberana, Nada agujero que crece. Nada abismo que abisma. Nada de obscena presencia que atrae, succiona y arrastra hacia sí. Nada voraz que exige sin decir qué. Excluye todo decir. Es Nada pura exigencia. Es esa nada la que pone en riesgo la poca cordura que le queda a mi ser... 
 Única fortaleza de la que soy capaz: simplemente no ceder a la tentación de abismarme, sólo quedarme quieta, ahí, hasta que aparezca alguna fuerza que me rescate, alguna ficción, algún juego, alguna alfombra mágica para salir de allí y poder mirar el abismo desde lo alto, como si estuviera lejos. Pequeño margen, modesta estrategia: esperar a que palabras por esencia mentirosas hagan de barrera y demoren, por un tiempo, a esa Nada voraz e imperativa que tan dentro mío tengo.

 

 imagen: Desnudo azul, Picasso

05/08/2008 19:40 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. No hay comentarios. Comentar.

Experiencia cumbre

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Hoy he cedido a los encantos de la banda sonora de Hable con ella, y aquí estoy, absolutamente sumergida en esta música sublime pero intratable, con ella no se puede negociar, indefectiblemente entristece. Ya lo sabía… Ahora, por ejemplo, está sonando Jordania, el violín ya está anticipando que el derrumbe es inminente, estrepitoso; una breve tregua promete pacificación para el alma, pero enseguida, todos los acordes incumplen con la promesa, y avanza lentamente, pero con vigor, la penetrante tristeza del violín que me lleva a una experiencia cumbre de belleza hiriente. Un raro deleite.


La música es un regalo glorioso de los dioses a la vida humana que compensa su mortalidad… Chispas de eternidad ofrecida a los hombres dignificándolo. ¿Acaso escuchar a Bach o Satie no son experiencias de eternidad? Lo es para mí. Cada cuál, desde su singularidad, busca sus músicas…

Hay música que  enciende, música que pacifica, música que revoluciona, que acaricia y que ennoblece. La música va forjando el carácter, refina las emociones y las percepciones y permite descubrir, de un modo peculiar,  único e inclasificable: el vértigo, la voluptuosidad, la embriaguez, la belleza y la locura...


Celebro tan bello milagro que nos redime del ruidoso silencio que habita en nuestro ser y nos permite oscilar entre el Cielo, la Tierra y el abismo.

 

Imagen: el violinista azul,   Marc Chagall

02/08/2008 13:21 Autor: Psyche. #. Tema: exploraciones subjetivas. Hay 1 comentario.

Entrada no para cualquiera

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       "Teatro mágico. Entrada no para cualquiera” (H. Hesse).

Las enigmáticas palabras que  impactaran a Harry, o el lobo estepario, convocan sin dudas a una experiencia muy particular, la de la propia división.

La literatura es generosa y nos ofrece numerosos personajes en los cuales se manifiesta la mixtura, la hibridación. Gregor Samsa y su devenir-insecto. El lobo estepario. El Minotauro-Teseo. Vampiros. Centauros. Hombres lobos. Monstruosidad de la duplicación de la identidad. Vida humana percibida como un tormento. Desesperanza callada.Un verdadero infierno.

Rostros de lo monstruoso, pero sobre todo, personajes mixtos que "incomodan". Ellos nos reenvían a una experiencia que pocos están dispuestos a tolerar: la contradicción. Vivencia de la presencia de ’lo otro’ en ’lo propio’; eso otro que desbarata la unidad y que impide la jerarquización y el dominio de las partes por una "cabeza" que comande. Carácter trágico de la fragmentación que habita a algunos seres.

     Dualidad mortífera, permanente acechanza de una parte sobre la otra. Pero sobre todo, exigencia de destrucción de una de ellas. Mandato imperativo de unidad. Unidad a cualquier precio! ¿Quién exige la unidad? El Rebaño. El Yo. ¿Y qué pide, en realidad, el rebaño, cuando pide unidad? ¿qué pide el yo? Acallar al lobo, eliminar al Minotauro, apartar al metamorfoseado de Kafka! Mediocridad, adormecimiento, vida llevada al ras de la tierra. Vida amortiguada, vulgar, superficial, miserable. Punto mediocremente medio.

La vida desgarrada es sancionada como enferma. Hay que doblegar lo indómito, lo peligroso,lo espontáneo, lo voluptuoso. El lobo, lo demoníaco, representan lo que resiste. Del lado de lo humano, lo divino, se suelen colocar lo que en realidad son los valores burgueses, ¿por qué universálizarlos como valores humanos? ¿Pero de dónde puede venir lo grandioso del ser humano? A veces los valores sancionados como lobunos, minotaurescos, son los más maravillosos, bellos y vitales a que puede aspirar un ser humano... No sabemos nada!

“Entrada no para cualquiera”

Entrada a una experiencia costosa. No para cualquiera. Enfrentamiento con el desgarro, demora en el desgarro. Descubrimiento terrible: no hay dualidad, es mucho peor, hay multiplicidad, pluralidad, diversidad....
No solo la unidad se revela como una ficción, sino también la bidivisión. Son recursos para explicar, meras simplificaciones que desconocen un universo inmenso y complejo, terrible y divino a la vez...
La entrada al camino para ’llegar a ser el que se es’, se paga con el yo, se paga con la unidad imaginaria que tenemos del yo. Se paga con la razón. ¡Entrada no para cualquiera!

Exige reconocer que la dicotomía es falsa, no son dos, son múltiples almas las que nos habitan. Hay que conocerlas, complicar más lo complicado. Complejizar más lo complejo. No se trata de optar, ni de reprimir, ni de domesticar, tampoco de reconciliar en un ensamble degradado, empequeñecido. Tampoco una vuelta a la naturaleza, a lo animal, a lo niño. Imposible. No hay senda hacia atrás.

Soportar la contradicción todo lo que se pueda, tolerar la tensión, no desbarrancarse en una opción impuesta por un orden extraño. No se trata de eliminar polos, diferencias, todo lo contrario. No estrechar el mundo de las vivencias, ni simplificar el alma, sino acoger cada vez más mundos, más vivencias. Soportar la contradicción hasta que se vuelva productiva, creativa. No reconciliar, sino multiplicar más, complicar más, sutilizar más, ensanchar más.

Entrada no para cualquiera. Lo divino y lo demoníaco como simplificaciones de la multiplicidad de fuerzas, todas necesarias para nutrir las palancas vitales permitiendo vivencias de lo humano en toda su dignidad y grandeza. Sólo para valientes que se atreven a transitar los caminos del infierno, los laberintos del propio ser.

Imagen: Theseuslabrinth

14/07/2008 21:51 Autor: Psyche. #. Tema: reflexiones filosóficas. No hay comentarios. Comentar.


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